Publicado: 6 de enero de 2025

La gran Mentira de la digitalización escolar

Un nuevo año solar acaba de comenzar y sigo leyendo información publicada por expertos de diversa índole sobre los problemas de la digitalización escolar.

Este es, sin duda, un asunto en el que se puede diferenciar claramente entre dos grupos de personas cuando se establece una conversación sobre este asunto: los que han leído algún libro de autores con experiencia probada en esta materia y los que abordan el asunto como una conversación de bar más. Por favor, hay que leer, aunque solo sea un poco.

Lo que quiero compartir hoy requiere un grado de reflexión que implica haber leído, al menos, un poco sobre esta materia. Lo suficiente para llegar a las siguientes conclusiones:

  • Cuanto más se lee más se reafirma la idea de que sustituir libros por pantallas no solo no beneficia a los niños sino que además es un grave perjuicio para su desarrollo cognitivo y personal.
  • Van a seguir publicándose más estudios y más datos sobre esta materia. Los que están realizados de una forma adecuada* seguirán apuntando en la misma dirección. A los padres les seguirá llegando la información con cuenta gotas a menos que ellos se preocupen por averiguar algo (véase: leer). Las juntas directivas irresponsables e injustas de esos pocos centros educativos que anteponen intereses económicos, o incluso personales, a los intereses de los alumnos (salvaguardados en diferentes artículos de la legislación nacional e internacional) seguirán manteniendo cínicamente su discurso basado en axiomas sobradamente desmontados por cuantos estudios serios en la materia existen, además de por los abrumadores comentarios de los docentes que han dado clase a niños que han estudiado previamente con y sin pantallas.

*Con respecto a cómo evaluar si un estudio está realizado de una forma adecuada os remito a la primera parte del siguiente libro: Desmurget, Michel (2020). La fábrica de cretinos digitales: los peligros de las pantallas para nuestros hijos. Ediciones Península.
Sin leer, esto seguirá siendo una conversación de bar y ya sabéis lo que pasa en el bar. El que más alto vocea parece llevarse el gato al agua aunque no tenga la menor idea de lo que habla.

Me gustaría aclarar aquí que no pretendo que todo el mundo tenga una dedicación con este asunto como la que estoy teniendo yo. Lo digo con total sinceridad. Si toda la humanidad se dedicase a hacer exactamente lo mismo las conversaciones con los amigos serían mucho menos enriquecedoras. Simplemente me sitúo a mi mismo en un punto en el que puedo acceder a mucha información y transmitirla de una forma más asequible para muchas otras personas que, por sus circunstancias, no podrán dedicar tanto tiempo a buscar información sobre este asunto.

El objetivo es acceder a la información, sintetizarla o extraer las partes clave para que otros puedan acceder a esas piezas representativas del conjunto y después todos juntos podamos adoptar medidas que nos beneficien en conjunto (a nuestros hijos, quiero decir, y a nosotros mismos como parte de la sociedad que ellos protagonizarán pronto).

Pues bien, como suele ocurrir tras un cierto consumo de información sostenido en el tiempo (que dista mucho de terminar, por cierto) a veces aparecen ideas que reducen al absurdo tanto el problema como la solución. A esto me voy a referir hoy.

Algunos, nos venden la digitalización escolar con su correspondiente sustitución de libros por pantallas y su consumo de pantallas absolutamente innecesario y perjudicial (como dicen todos los expertos sobre esta materia. Insisto, hay que leer aunque no sea demasiado.) como si fuera no solo la única manera de que un niño pueda progresar en una sociedad digitalizada, sino además como el único medio para que dicho niño no se quede atrás con respecto a los que tienen un posición social más elevada.

En la canción infantil titulada “Vamos a contar mentiras” se dicen cosas más cuerdas…

Aunque la primera reacción podría ser volver a acometer puntual y cuidadosamente cada uno de los puntos que explican por qué ese planteamiento no es más que una falacia comercial no me voy a repetir. En su lugar voy a plantear algo más simple.

¿Cuántas de vosotras, personas que estáis leyendo este texto, utilizáis algún tipo de dispositivo digital en vuestro trabajo? Normalmente será un ordenador, pero podría ser una tablet. La mayor parte de vosotros utilizaréis, en mayor o menor medida, dispositivos digitales. Y para interactuar con ellos, para trabajar, tendréis que utilizar un teclado físico o virtual.

De hecho, en algunos casos, buena parte o incluso casi todo vuestro trabajo consistirá en el uso de un ordenador a través de un teclado y un ratón.

Pues bien, ¿cuántas de vosotras, personas que estéis leyendo este texto, sabéis mecanografiar correctamente? Aquí normalmente la estadística se tropieza, y cae estrepitosamente.

Y, ¿qué relevancia tiene este hecho? Es algo que más o menos todos sabemos, pero probablemente no le hemos prestado demasiada atención. Pensemos un poco. A excepción de los que sepan mecanografiar correctamente (en mi entorno no es precisamente la mayoría), el resto seguramente querría utilizar un teclado de una forma más eficaz dado que ese “pequeño detalle” les podría ahorrar una gran cantidad de tiempo a lo largo del año en el trabajo. Lo que a su vez podría implicar una mayor disponibilidad de tiempo para cuestiones personales.

Contextualizando la pregunta. Si tenemos claro que nuestros hijos van a vivir en un mundo digitalizado. Que en el futuro, tanto en las últimas etapas de su vida formativa como en toda su vida profesional, una habilidad tan básica como simple, la mecanografía, les permitirá ahorran gran cantidad de tiempo que podrán entonces emplear en el desarrollo de su trabajo o en el disfrute de su tiempo personal, entonces: ¿cómo es posible que toda esta porquería de discursos sobre la digitalización escolar no contemple la más básica de las habilidades que hay que adquirir para utilizar de una forma productiva los medios digitales que se les pretende imponer en clase y que tendrán que usar el resto de su vida?

Pues eso, por el monte corren las sardinas… tralará.

Sería como ponerles a redactar novelas sin saber coger el lápiz.

La siguiente pregunta que deberíamos hacernos, probablemente, es ¿cuándo deben empezar a aprender a mecanografiar y cómo deben hacerlo?

Como no me considero un experto en esta materia quiero dejar claro que lo que voy a comentar a continuación responde exclusivamente a mis consideraciones personales.

Seguro que hay varias soluciones, pero aplicando los criterios que nos han llevado hasta aquí y la experiencia que he vivido con mi propio hijo os comento lo siguiente.

Si expertos como Javier Zarzuela dicen que las pantallas (la de cada alumno) no tienen sentido en la escuela por debajo del segundo ciclo de secundaria (tercero de la E.S.O.) no parece que tenga sentido que los chicos aprendan mecanografía mucho antes (al menos no para utilizar un ordenador, a continuación aclaro esto) ya que se les podría olvidar por falta de práctica. Por tanto, en un planteamiento en el que van a empezar a utilizar medios digitales de forma “productiva” en clase quizá sería razonable que empiecen con la mecanografía el curso anterior.

Si los planes de digitalización que nos ofrecen no contemplan en ningún momento la mecanografía es porque el objetivo de los mismos no es maximizar las competencias y la productividad futura de los alumnos. Sin embargo, dado el ímpetu con el que se venden (o los compra la administración en algunos casos) los dispositivos digitales con pantalla y las licencias digitales de los libros, lo que sí parece es que hacer caja sí importa y mucho para algunos.

Para quien contemple este “itinerario” de la mecanografía para dispositivos digitales os comento que hay academias que ofrecen clases de mecanografía (también aquí en Segovia) y, como no me patrocina nadie, también os puedo indicar que existe Software Libre para aprender mecanografía (que, entre otras cosas, respetará la privacidad de vuestros hijos).

En el caso de sistemas Linux en los repositorios de las distribuciones suelen estar disponibles Klavaro y Ktouch. En el caso de usuarios de sistemas Windows aquí os dejo el enlace a la página oficial de descarga de la última versión de Klavaro.

Hay más programas pero al no conocerlos prefiero recomendar estos. Si miráis otros buscad información sobre la licencia y la privacidad del programa y procurad evitar los que muestren anuncios ya que vuestros hijos estarán solos delante del programa.

De forma añadida a esto os planteo otro itinerario. Tengo una pequeña máquina de escribir antigua que me dio mi abuelo en los últimos años de su vida. Y, ¡oh sorpresa!, ha resultado ser mejor que una videoconsola: no gasta energía eléctrica, fomenta la imaginación, la creatividad y ofrece horas de entretenimiento con tareas como:

  • La creación de textos propios de propósito general.
  • La creación de textos y cartelitos para otras manualidades o juegos.
  • El copiado de textos para practicar tanto mecanografía como gramática y ortografía.
  • Jugar a crear textos entre varias personas escribiendo una línea cada uno.
  • Desafiar al usuario en la creación de divertidas imágenes en ASCII (pongo alguna imagen debajo).
  • Escribir originales cartas a amigos y familiares, especialmente en cumpleaños y navidades para luego enviarlas por correo postal (el de los sobres y los sellos, sí, ¡aún funciona! Y hace mucha ilusión recibir una carta en el buzón: requiere paciencia y desarrolla sentimientos perdidos en la era en la que todo va rápido, incluso sin necesidad).
  • Y lo mejor: todo lo que se te pueda ocurrir allí donde puedas llevarla. Sin pantalla, sin enchufe, sin pilas, respetuosa con el medio ambiente y con la salud de los usuarios.

Ejemplos de imágnes ASCII producidas con el programa cowsay para reproducir luego con la máquina de escribir
Ejemplos de imágnes ASCII producidas con el programa cowsay para reproducir luego con la máquina de escribir.

Así que es una de mis mayores recomendaciones para vuestros próximos regalos y navidades. Incluso podría formar parte de las guías de regalos (old)tecno-éticos.

Se pueden conseguir de segunda mano. Si alguien quiere una (no tan pequeña como la mía) sé dónde las venden en Segovia en buen estado.

Por tanto, en este “itinerario”, con paciencia, podemos guiar a nuestros hijos para que vayan aprendiendo mecanografía desde edades más tempranas a las que es recomendable exponerles a pantallas y sin los peligros de éstas.

De hecho yo aprendí mecanografía con una máquina de escribir y luego no me costó mucho pasar a un teclado.

*****

Espero haber sido capaz de alegraros el día de reyes de este 2025, con esa ironía propia de un humor castellano en desuso. Porque si hay algo que sacar en claro de esto es que esta tropelía la detenemos NOSOTROS. La legislación nos ampara (en centros públicos y concertados) para llevar a clase a nuestros hijos con libros y para exigir que se les dé el mismo trato que a cualquier otro alumnos sin discriminación alguna. Lo único que hace falta es leer (un poco al menos), hablar (mejor juntos), levantar la cabeza por nuestros hijos y hacer lo que ya han hechos padres y madres valientes en otros centros: llevar a los chicos con libros y exigir sus derechos.

Si te falta valor para hacer esto te recomiendo esta “píldora”:

¿Qué le vas a decir a tus hijos en unos años cuando ya todo el mundo tenga claro lo perjudicial que ha sido sustituir libros por pantallas durante estos años?

Yo al mío le voy a decir que he leído montañas de libros y textos en español e inglés, asistido a conferencias, redactado textos para que otros pudieran acceder a la información de una forma más asequible, hablado con todo el que podía de esto para intentar poner a los padres de acuerdo para que se dieran cuenta de que la mayoría no quiere la pantalla, de que no están solos sino que son mayoría, de que la solución es sencilla y está en su mano; que he dormido cinco horas muchos días porque esto suponía un punto de inflexión para su futuro (el de mi hijo).

Y tú, ¿qué le vas a decir a los tuyos? ¿Que tuviste valor o que por el monte corren las sardinas…?

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Créditos de las imágenes tomadas del exterior: