Publicado: 24 de junio de 2024

Privacidad, aún hay esperanza.

Actualmente vivimos en un mundo donde la digitalización parece no tener límites. Las nuevas generaciones, hiperconecadas, están más aisladas que nunca. Las cotas de soledad, depresión y comportamientos autolíticos crecen sin parar, a la par que cada vez son más jóvenes los niños que reciben un smartphone. Aparato que adoptan como si fuera la misma espada del rey Arturo recién sacada de su cárcel de piedra.

Los pretextos son variados, pero siempre omnipresentes: que si todos ya lo tienen, que si tienen que aprender a manejarlo para vivir en un mundo digitalizado... Y otros axiomas sin fundamento por el estilo. Frases que se escuchan en la calle y casi nadie se preocupa de refutar. ¿Dónde estás los razonamientos que atienden a las desventajas y los peligros que supone dar un smartphone a un niño? Estos no se encuentran.

Hemos llegado a un punto donde quienes debían velar por la salud y el bienestar de los niños, ese bien llamado interés superior del niño, se han despistado mirando una pantalla mientras otras se comen varias generaciones de jóvenes.

Y así van ellos (los jóvenes zombies), sin rumbo, completamente aturdidos. Subidos a un barco sin capitán donde cualquiera dice serlo y a todo el mundo parece venirle bien tener otro individuo al que admirar a través de 7 pulgadas, ancho marco por donde observar el mundo habiendo olvidado qué significa ser niño, qué significan vivir y sentir cosas reales.

Por descontado, cuanto hagas solo vale si los demás lo ven. Si no, es como si no existiera. Así que dispositivo en mano todo has de subir: lo bueno, lo malo y lo que reste si es que hay algo.

Sabemos que muchos sufren, pero parece un mal aciago que solo unos pocos han de vivir. No seremos nosotros, lo mejor es subir, conseguir reconocimiento, en las 7 pulgadas donde has de vivir.

Y en este contexto... ¿Qué esperanza nos queda? ¿A qué podemos recurrir para soñar con algún cambio que nos lleve a mejor puerto, un lugar más consciente, más inteligente, más luchador?

Esperanza hay. Os voy a contar por qué lo creo.

A principios de junio de 2024, una persona que conozco me contó esté relato:

“ Estaba yo el otro día en unas clases de idiomas en una academia privada. Recuerdo que cuando me matriculé se hizo especial hincapié en que no se me podían hacer fotos, de ninguna forma publicar imágenes mías en ningún lugar de Internet, mucho peor si eran redes sociales tóxicas de esas que usa tanta gente.

Pues bien, ya casi al final de curso, un día mientras dábamos clase con nuestra profesora habitual, entró en la clase otro profesor. Al principio no sabíamos a qué venía, pero al cabo de un ratito me di cuenta de que nos apuntaba a todos con la cámara de un teléfono móvil.

Enseguida dije — A mí no me puedes hacer fotos.

Entonces, ambos profesores, se me acercaron y me dijeron — Mira, si no se te ve la cara porque te ponemos un brocolí, un tomate, o un emoticono para que no se vea.

Para que pudiera ver lo que me explicaban, me enseñaron la pantalla del móvil y cogieron una foto que ya tenían y le pusieron un emoticono encima para que yo pudiera ver cómo podían elegir la figura que tapaba las caras.

En ese momento me di cuenta de algo muy importante y dije — Pero entonces tú primero haces la foto (donde sí se me ve la cara) y luego le pones otra cosa encima. A mi no me puedes hacer esa foto.

Me puse a un lado para que pudieran hacer la foto al resto sin que tuviese que salir yo.”

Si ya es llamativo encontrar a una persona que sepa algo sobre sus derechos digitales, los aprecie y esté dispuesto a defenderlos, este caso va un paso más allá.

No se trata de una persona cualquiera, sino de un niño de 6 años al que su padre le ha enseñado cuáles son las desventajas de hacer fotos a niños con smartphones, la pérdida de control consecuente de la imagen, y las posibles consecuencias negativas de que esa foto circule tanto por Internet como por las empresas que pueden tener acceso a ella en el smartphone que la hizo.

Esta es la esperanza que nos queda. Saber que un niño de tal solo 6 años es capaz de darse cuenta él solo de esa situación, de no dejarse engañar por adultos irresponsables que no tienen la menor idea de lo que están haciendo, ponerse él mismo a un lado entendiendo que esa foto no significa nada para él, que él tiene derecho a decir que no le hagan fotos y también a que no se generen una huella y un perfil digital sin su consentimiento (ni el de sus tutores que habían dicho expresamente que no se tomaran fotos suyas).

Una vez entendido esto, es fundamental que entendamos que a estos pequeños héroes del mundo digital se les está acercando inminentemente una terrible amenaza. Necesitan nuestra ayuda y es muy importante que les protejamos.

Os dejo con un vídeo que realizó la F.S.F. (Free Software Foundation) durante la pandemia que lo resume a la perfección:

NOTA: en la barra de control del vídeo, a la derecha del todo hay un botón con las letras "CC". Pulsando ese botón podéis elegir el idioma de los subtítulos, entre ellos español.

Video credits:

The University of Costumed Heroes by the Free Software Foundation
LENGTH: 02:33
PRODUCER & DIRECTOR: Brad Burkhart
STORY: Douglas J. Eboch
ANIMATOR: Zygis Luksas

The University of Costumed Heroes by the Free Software Foundation Copyright © 2020 is licensed under the Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International License.


No dejemos que nos llenen las aulas de tecnologías que no son respetuosas con los derechos digitales de nuestros hijos.

Por otro lado, sobre los problemas pedagógicos y de salud relacionados con el uso de pantallas a edades tempranas (antes de 3º de la ESO) en los centros educativos podéis consultar el apartado de Digitalización Escolar.


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Créditos de las imágenes tomadas del exterior: